Historias

Especial de Halloween: cuando llaman a tu puerta

Fuente: shutterstock

Esta historia es real, me limito a narrar lo que mi amigo contó y lo que viví. 

Pasó hace 5 años a un amigo cercano, su nombre es Tato. Es el mayor de cuatro hermanos, viven con su mamá. El hermano menor de Tato tenía en ese entonces 6 años, él es autista y siempre ha sido abstraído, imaginativo. Estuvo contando que tenía una amiga imaginaria que le hablaba, nadie le prestó mayor atención. Tato es un tipo normal, con la excepción que es extremadamente vicioso con los videojuegos, al punto de dejar de salir para quedarse en casa jugando.

Llegó la víspera navideña y como de costumbre, su familia se iría a la playa con sus demás familiares (tíos y primos), pero en esta ocasión Tato no quiso ir, le pidió a su mamá que por favor lo dejara solo en casa pues él no la pasaba bien, su mamá no estaba convencida pues ningún vecino estaría en su vecindario (su vecindario es pequeño, viven cuatro familias más la de él), luego de discutir un poco su mamá accedió, Tato tenía 19 años y pues sólo se irían tres días.

La primera noche estuvo todo tranquilo, Tato jugó hasta alta horas de la noche; su rutina se veía ininterrumpida, básicamente no salía de su habitación si no era para ir al baño o comer algo. Ese día se levantó a la una de la tarde, fue por algo de comer, regresó a su cuarto, prendió la TV, puso una silla frente a ésta y comenzó a jugar. Las horas pasaron y la noche se hizo presente, el hambre también. Sin darse cuenta de la hora salió de su refugio para ir a cenar, prendió las luces de las gradas, bajó a la cocina y comió un sándwich.

Cuando iba de regreso a su habitación se percató que las luces de las gradas estaban apagadas, esto le pareció sumamente extraño, para estar más tranquilo salió de su casa en busca del policía de garita (guardianía), le comentó lo que había pasado y si podía ir a chequear la casa. — Tato, ¿qué tal? Es imposible que alguien haya entrado, yo he estado aquí pendiente — el policía notó el rostro intranquilo de Tato así que accedió — pero no se preocupe, si quiere voy a revisar.

El Policía revisó la casa y como sospechó desde el principio, no había nada fuera de lo normal — No Tato, no hay nada, sabe qué pudo haber sido, a veces los flipones de luz fallan y pues ocasionan estos percances, pero no se preocupe. — Tato agradeció al policía y regresó a su cuarto ya más tranquilo, aunque de igual forma cerró con llave toda la casa e incluso estando en su habitación puso llave. La jornada de videojuegos continuó sin tregua por varias horas. Ya era de madrugada cuando un frío logró sacar a Tato de su hipnótico estado, buscó un suéter y se lo puso, aunque de igual manera el frío entumecía sus pulgares.

No habían pasado 10 minutos de haberse puesto el suéter cuando repentinamente escuchó tres pausados toques en la puerta “toc, toc, toc”. Tato se percató pero pensó que seguramente venía del videojuego, pasaron pocos segundos y nuevamente escuchó los tres pausados golpes en la puerta “toc, toc, toc”. Tato detuvo el juego, puse mute a la TV, giró su silla hacia la puerta prestando toda su atención a ésta y se cruzó de brazos, viendo fijamente, escuchando… “toc, toc, toc”. Era inminente, alguien estaba tocando la puerta, pero ¿cómo? él sabía que todo estaba con llave…

Se levantó alarmado de la silla, su corazón empieza a resonar, su respiración se hace pesada, pero guarda el silencio y la calma, Tato analiza la situación y cree que si es un ladrón pronto se irá al ver que nadie responde a su llamado, tomará lo que encuentre en la sala, registrará la habitación de su mamá y hermanos, y se irá de ahí… pero le continúan tocando la puerta “toc, toc, toc”. Siempre es un llamado pausado entre golpes, esto pone más nervioso a Tato. De repente escucha una voz a través de la puerta que lo llama, pero no es cualquier voz, es la de su mamá, él sabe que es imposible que sea ella, además no es la forma en que su mamá le habla, hay algo extraño. — Tato, salí que quiero hablarte. — Tato se hiperventila, empieza a retroceder hasta estar pegado contra la pared, el corazón le galopa, el frío en la habitación se acrecienta pero su cuerpo empieza a sudar aunque no tenga calor. — Tato, tengo que hablarte, salí, quiero que salgas, Tato — lo continúa llamando la voz, no puede creer que esto le esté pasando, su cuerpo tiembla, su piel es pálida, casi verdosa. De repente todo se detiene, lo toques en la puerta y la voz, hay una parsimonia frágil en el ambiente.

Pasan 15 minutos en completo silencio, pero Tato sigue pegado contra la pared, inmóvil. Él siente que han pasado horas, como si estuviera en un limbo donde no existe el tiempo. Repentinamente y rompiendo toda paz empiezan a somatar con muchísima fuerza la puerta, siempre tres veces “POM! POM! POM!” Tato ve la puerta temblar con cada golpe al mismo tiempo que parpadea, la voz ahora ya no es la de su mamá, es una voz rasposa, ronca y gutural que lo llama a gritos — ¡TATO, ABRÍ LA PUERTA AHORITA, ABRIME EN ESTE INSTANTE, TATO! — los golpes siguen en la puerta, el cuerpo de Tato sucumbe, queda en posición fetal mientras se tapa los oídos y se dice a sí mismo que esto no puede estar pasando, las lágrimas corren por sus mejillas. — ¡DÉJAME ENTRAR, TATO, ABRÍ ESTA PUERTA, TATO! — cierra los ojos con fuerza pues con cada golpe pareciera que la puerta va a ceder en cualquier momento. Cuando parecía que la puerta iba a reventar una vez más se produce el silencio total.

Tato pasó casi una hora en posición fetal, el silencio era sepulcral en la casa, piensa que, lo que haya sido ya se fue, por lo que se arma de valor, se levanta y decide abrir la puerta. Una vez tiene la mano en la perilla está casi tan helada como un cubo de hielo. Cuenta a tres y como si se tratara de quitarse una curita abre la puerta rápido y con fuerza. Toda la casa está en una oscuridad absoluta, las luces de las gradas vuelven a estar apagadas, se queda de pie al borde de la puerta, temblando, esperando a que su vista se acostumbre a la oscuridad para poder empezar a discernir los objetos de la sala.

Luego de unos segundos su vista se acostumbra a la oscuridad y puede ver mejor, repentinamente ve un tipo de sombra que al ser detectada por los ojos de Tato se esconde en el borde de las gradas, obligando a Tato a moverse para ver qué es lo que hay. Se aproxima, pero cada vez que logra ver la sombra ésta se le vuelve a esconder unas gradas más abajo. Él, como un autómata sigue caminando, su mente y sus nervios están tan mermados que ya no piensa con claridad. Esta sombra le sigue jugando por los bordes de la casa hasta hacerlo bajar todas las gradas, luego lo lleva a la cocina, pudo ver cómo atravesó la puerta corrediza, pero él continuó; entró a la cocina y nota cómo su perrito temblaba y sollozaba como si estuviera herido, trató de calmarlo pero de nada sirvió, el perrito veía con terror la única puerta aparte de la corrediza que había en la cocina, era la del cuarto de lavandería.

El cuarto de lavandería era, básicamente, el último y más escondido de la casa. Tato va hasta ese cuarto, abre la puerta y es en este momento que la oscuridad ahora era una capa negra que no le permitía ver absolutamente nada, el frío ahora le llega hasta los huesos, pasaron unos segundos en esa habitación cuando una mano enorme de dedos largos lo tomó por el hombro con fuerza y la misma voz que lo llamó a gritos ahora le dijo al oído — ¡LA PRÓXIMA VEZ QUE TE HABLE ME CONTESTAS! — Tato salió corriendo despavorido, tropezando a cada cruce hacia la salida de su casa, una vez afuera saca su celular para llamar al único amigo que sabía estaba en la ciudad, con dificultad por el incesante temblor de sus manos lo logra llamar. — ¡¿Polo?! ¡Por favor necesito que vengas ahora mismo por mí, me acaban de espantar, por favor ven ya, estoy en mi casa! — Polo llegó a los pocos minutos de la llamada. — Tato, ¿qué onda, qué te pasó? Tranquilo, te tienes que calmar que no te entiendo nada.

Tato de manera torpe hace su mejor esfuerzo por contarle lo que le acaba de suceder, Polo lo escucha con mucha atención, él está de cara a la casa y Tato de espalda a ésta. Mientras Tato tartamudea y solloza, Polo observa la casa… Tato se percata que  su amigo no le está prestando atención, ve su rostro desfigurado y pálido de terror, su mirada está fija en una ventana grande (4 metros de largo y 2 y medio de alto) del cuarto de su hermano menor (el que tiene autismo), Tato se voltea y puede ver lo que su amigo ve con tanto horror en su rostro… En el borde superior izquierdo de la ventana hay una cara humanoide larga, pálida, de ojos negros anormalmente grandes, con facciones de mujer. Estuvo viéndolos fijamente por un par de segundos para luego ocultarse en la sombra de la habitación, justo después de desaparecer la luz del cuarto se encendió. 

Tato entró en estado de shock y tuvo que ser llevado al hospital. Polo llamó a la mamá de Tato para contarle lo que había ocurrido, eran casi ya las 5 am, la mamá regresó inmediatamente a la ciudad… Las próximas semanas no llegaron a dormir a su casa, se hicieron rituales cristianos para purificar la casa, inclusive llevaron a una médium para que les diera una perspectiva diferente del suceso (les dijo que probablemente había sido un pariente que falleció o fallecería, y era su manera de despedirse; los espíritus son torpes y sus formas de comunicarse nos pueden asustar. A los pocos meses falleció una tía abuela, lo que no le dio ninguna paz a Tato pues él reconoce que tenía poca relación con ella). 

Tato nos comentó lo sucedido a nosotros, sus amigos. Le dijimos que para tener una certeza le dijera a su hermano menor que hiciera un dibujo de su “amiga imaginaria”, pues un niño tiende a hacer dibujos genéricos de palitos, pero si sí había algo característico lo iba a retratar en su dibujo (manos largas, rostros de mujer alargado, etc.), pero Tato nunca se atrevió, tenía mucho miedo que fuera a ser lo que temía…

Pasaron meses y todo volvió a la normalidad, incluso había una paz inusual en la casa, se volvió a respirar tranquilidad y Tato logró superar, en la medida de lo posible, su trauma. Un día decidió quedarse solo en su casa, su mamá sólo iría al supermercado, por lo que no encontró problema en dejarlo solo un par de horas, además era la 1 de la tarde. Minutos después que su mamá se fuera; nuevamente le tocaron la puerta tres veces. Tato no espero esta vez, en un impulso casi demencial se tiró por la ventana hacia el patio y huyó hacia la puerta. Esta vez decidió llamar a un amigo de nuestro circulo para decirle que, nuevamente lo estaban espantando y que por favor llegara. 

En ese momento yo estaba con ese amigo, me comentó, sin pensarlo le dije que fuéramos (el morbo no se hizo esperar por nuestra parte), llegamos rápido pues estábamos por la zona.  Vimos a Tato afuera de su casa caminando de lado a lado por toda la calle, su nerviosismo era evidente. — Pensé que esta maldita pesadilla se había acabado, pero me volvieron a tocar la puerta, por favor, ¡vámonos! — Nos dijo con vehemencia y claramente molesto, frustrado. Le dijimos que se quedara afuera, que nosotros íbamos a entrar (una decisión estúpida pero también escéptica por nuestra parte), entramos, subimos las gradas y justo antes de entrar al cuarto de Tato, vimos la puerta abierta del cuarto de su hermano menor, por alguna razón esto me tenía intranquilo, así que la cerré, claramente escuché el “click” de la puerta al cerrarla, mi amigo me comentó que si no la cerraba yo, él lo hubiera hecho… Mi amigo empezó a rezar; justo terminó su oración cuando la puerta se abrió súbitamente frente a nosotros. Hubo un silencio. — ¿viste eso? — me dijo con temor en su voz, yo asentí con mi cabeza. — entremos…— le dije sin pensar. 

Estando en la habitación había un ambiente muy pesado y denso, por alguna razón me quedé viendo fijamente a una esquina, después de unos segundos de estar absorto, vi a mi amigo que también estaba viendo al mismo sitio. — ¿Vos también sentís como si hubiera alguien allí? — le dije. — Sí, como si nos estuvieran viendo. — decidimos salir de la habitación y bajar rápidamente las gradas. Tato nos esperaba afuera, sólo nos vio y preguntó si ya nos podíamos ir, no tocamos el tema en el carro, nadie preguntó nada al respecto.

Desde esa vez no volvió a suceder nada paranormal en esa casa, han pasado seis años y hasta la fecha es un tema que incomoda a Tato.

 

 por Gabriel Dary



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