Arte

El arte de la idiotez posmoderna

Fotografía: Vanguardia

Salvatore Garau, un nombre que pasará a la historia como uno de los mayores embaucadores del arte, o un negociante fantástico. El “artista” italiano logró vender una escultura invisible por $ 18,000 dólares… No es broma. La escultura nombrada “Io Sono” (yo soy), pretende, según su creador, representar la existencia inmaterial y busca presentarse en un “vacío”.

Garau argumenta: “el vacío no es más que un espacio lleno de energía, e incluso si lo vaciamos y no queda nada, según el principio de incertidumbre de Heisenberg, que ‘nada’ tiene un peso. Por tanto, tiene energía que se condensa y se transforma en partículas, es decir, en nosotros ”. Muy parecido a cómo “damos forma a un dios que nunca hemos visto”. El italiano también ha comentado que la “obra” es de 5 x 5 pies, y debe exhibirse en un espacio privado, libre de cualquier obstrucción.

El comprador de semejante obra se ha mantenido en el anonimato, ya sea por vergüenza a su despliegue de snobismo o el escarnio público al que se sometería, que en buena medida ya se está llevando el caradura de Garau, porque no nos engañemos, esta es la cúspide del arte idiota, del posmodernismo risible que tantas veces se ha ridiculizado en películas de culto como “L’age des Tenebres” (La Edad de la Ignorancia. Denys Aracand. 2007). Lo de Garau es, y me permito utilizar la expresión creada por García Villarán, un Hamparte a todas luces: El arte de no tener talento.

Si algo hay que aplaudirle al italiano, es su esgrima verbal para vender la nada, aprovechándose de algún advenedizo pretencioso que, más temprano que tarde, se dará cuenta de la idiotez que ha cometido. Da rabia observar como un sinfín de artistas talentosos sufren del frío de las aceras en una ciudad inclemente que los ignora de forma prejuiciosa, intercambiando su talento por el dinero suficiente para llegar a fin de mes. Tipos como Garau son los que hacen daño al arte, porque gracias a su mal oliente picardía, la gente ve a los artistas como bohemios holgazanes que son más estética que sustancia; hacer del arte contemporáneo una burla y alipori genésica.

En fin, no voy a enrollarlos más con el tema, porque sería una critica interminable y el punto ha quedado establecido. No seré como Garau, que insulta la inteligencia de los demás. Pero el italiano consiguió algo, proporcionar de imagen a la ambigüedad de la palabra “idiota”.

Con ustedes, el “Io Sono” (2021) de Salvatore Garau:

 

 



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