Cultura

Conoce a Incitato, el caballo que fue cónsul en el imperio Romano

Fuente: Anfrix

Cayo Julio César Augusto Germánico, mejor conocido como Calígula (botita), fue emperador de Roma con tan solo 25 años. Su mandato inicia el 16 de marzo del año 37 D.C. siendo este nieto de Nerón (el loco que le prendió fuego a Roma), y como su querido abuelito, el desequilibrio mental de Calígula hizo que tuviera una vida llena de excesos y perversiones al nivel del Marqués de Sade (probablemente se inspiró en el emperador romano para crear sus obras), pero no entremos en detalles; vamos a lo que menciona el título.

El amor del emperador hacia su caballo, Incitatus o Incitato, hace que lo nombre cónsul. Este título hace que tenga una plaza dentro del senado romano, y claro, nuestro amigo Calígula lo hizo como forma de burla y desprecio a los senadores (quienes se repudiaban mutuamente). Llegó a tal punta la devoción por el equino, que hizo que lo casaran con una de las mujeres más hermosas (bestialismo que le dicen), y mantenía una dieta de copos de avena con delgadas escamas de oro (y sí, hay registros históricos de esto).

La vida de Incitato era una ostentosa y llena de lujos como la de su papito, éste hizo que se mandara hacer una villa con varios jardines, piletas y dieciocho esclavos para su cuidado personal. Además, tenía una vestimenta de las mejores telas (el color púrpura representaba su costo), para la vida social del caballo también era impresionante como se manejaba, era común  que atendiera a los festines que realizaba el emperador y comiera en la mesa con los invitados (hay de aquel que se atreviera a pronunciarse en contra).

Incitato era un caballero de carreras, teniendo un record perfecto, bueno… Perdió una, pero su dueño hizo que se mandara a degollar al ganador lentamente, esto para lanzar el mensaje que nadie podía meterse con lo que pertenecía a su propiedad o era de interés. Calígula fue asesinado junto a su esposa e hija en el año 41, luego de este suceso se pierde pista sobre el paradero del cónsul equino, pero es evidente que perdió los lujos a los que estaba acostumbrado.

Y así acaba la historia de hoy, en otra ocasión quizás contaremos la vez que Calígula le declaró la guerra a Neptuno (o Poseidón), el dios de los mares. Y no se sorprendan tanto por lo del cónsul caballo, nosotros ponemos cada cuatro años un burro en la presidencia.

 

Por Gabriel Dary



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