Aquel Halloween del 74 en Winsconsin

31 de octubre, Halloween, un día con aura de misterio y tenebrosidad, y no es para menos. Hace más de 2,000 años, los celtas celebraban este día creyendo que el mundo entre los vivos y los muertos se estrechaba y podía manifestarse un contacto, el problema radica en que los espíritus malignos también estaban al acecho. De ahí deviene esta celebración, muchos supersticiosos creen que este día es especialmente malo pues ocurren sucesos inexplicables a la ciencia, la mala suerte y la malicia humana salen a flote.

Tal es el caso que ocurrió en 1974, en Winsconsin, Estados Unidos. Timothy O’brien era un niño modelo, siempre dispuesto a ayudar a sus compañeros, atento con sus maestras y un excelente estudiante, tenía un futuro brillante… Para mala suerte del pequeño Timothy, su padre, Ronald O’brien, era un ser despreciable a todas luces, alcohólico, abusivo y sobre todo, avaro.

La noche de Halloween de aquel año, el pequeño Timothy salió con su disfraz a pedir dulces, cuando repentinamente, cayó al suelo convulsionando, los vecinos preocupados llamaron inmediatamente a la ambulancia, sin embargo, ya era demasiado tarde, el pequeño murió camino al hospital. La autopsia reveló que había sido envenenado, no tardaron en averiguar que su padre había inyectado una dosis mortal de arsénico en los dulces del pequeño; el motivo, cobrar un seguro de vida por $ 20,000. El monstruo incluso, tratando de disimular el infanticidio, envenenó otros dulces con la intención que más niños fallecieran y esto confundiera a la policía, afortunadamente, no resultó.

Diez años más tarde, O’brien es ejecutado en la silla eléctrica… Sus últimas palabras han sido registradas, son estas:

Lo que está a punto de ocurrir está mal, no obstante, nosotros como seres humanos nos equivocamos y cometemos errores. Esta ejecución es uno de esos errores, para mis seres queridos, amplío mi amor inmortal. Para mis seres cercanos, saber en sus corazones que los amo a todos y cada uno de ustedes, que Dios los…

No terminó la frase, la palanca fue bajada, O’brien ejecutado el 31 de marzo de 1984.



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